Todo comienza con la vision, y acá es donde uno se debe preguntar que quiere conseguir o como ve su vida dentro de los próximos 12 meses, 5 años o más. Y la gran diferencia entre crear una visión a largo plazo y otra a corto plazo son las etapas. Usualmente una visión a corto plazo no es muy elaborada, yo diría incluso que es un objetivo clave. Mientras que una visión a 5 o más años, es más inspiradora y menos tangible al mismo tiempo.
Yo te recomiendo tener ambas. Ya que funcionan en niveles diferentes en nuestro cerebro y no tienen porque ser antagónicas. Yo recomiendo tener una visión clara de algo importante y trascendente que quieras lograr en el largo plazo. Puede ser ver tu negocio ya desarrollado o comprar una casa. Algo que sepas que va a llevar tiempo conseguirlo.
Escribe tu visión con lujo de detalles, fantasea a lo grande, usa colores, dibujala, usa fotos, lo que sea que funcione mejor para tí. Mientras ma detalles mejor, ya que se sentirá más real. Y luego cuando tengas tu visión vivida, observa que emoción es la que sientes cuando piensas en ella. pregúntale a tu yo del futuro como se siente habiéndolo logrado.
Los objetivos son etapas o hitos que tienes que lograr para llegar a tu gran visión y estas si deben ser a corto o mediano plazo. Deben ser precisos, ya sea en cantidad, tiempo o lo que sea que uses para cuantificarlos. Si tu objetivo no es cuantificable, entonces no sirve. Si es algo subjetivo, entonces debe ser preciso en que te hace sentir, cómo es tu apariencia física, con quienes lo compartes, donde estás geográficamente, etc. Lo más importante es tener una fecha de expiración, una X en tu calendario que marque el día exacto en el que ese objetivo debe ser conseguido.
Piénsalo así; cuando te cobran algo, te aparece exactamente en tu cuenta el día que eso se hará efectivo. Sabes que el primer día de cada mes debes pagar la alquiler o el crédito de tu hipoteca. Y cuando pides una hora al dentista, lo anotas en tu agenda, con precisión, hora y día. Cuando quedas con tus amigos o familia para una celebración, lo tienes claro, que día, donde y que llevar. Y si todo eso funciona así, ¿porque no hacerlo con tus propias metas?
Desde que conocí el coaching, aprendí diversas maneras de definir objetivos, pero el gran problema que repetía una y otra vez, y no solo yo, sino casi todas las personas que conozco, es que no priorizan. Quieres aprender un idioma, emprender un negocio, cambiarse de casa y viajar a Japón. Y todo eso es realizable, pero al dividir la atención, usualmente terminamos sin cumplir nada.
Al principio, yo me fijaba entre 8 a 12 objetivos anuales, uno en cada una de las área de mi vida y con el tiempo fui eliminando la lista a 1 o 2 máximo. Lo que no quiere decir que no tuviera otras metas, pero el foco de mis acciones estaba en aquellos que realmente me importaban más. Entonces cabe preguntarse; ¿Qué área de mi vida requiere más atención y si logro mi objetivo prioritario, cómo afectará a las demás?
Una vez, estaba agobiado por la cantidad de problemas sin solución aparente e inmediata que tenía en ese momento. Me sentía sin salida, perdido y frustrado. Entonces hice una lista de todos mis problemas y luego al lado hice otra lista de una solución real que para cada uno de ellos. Al escribirlo, sentí un gran alivio, ya que dejaron de habitar en mi interior y pude sacarlos de mi sistema nervioso. Luego, me pregunté, que cual de todos esos problemas, si se resolviera, impactaría de forma directa en todos los demás, ayudándome a resolverlos uno a uno. Entonces utilicé un método de descarte y elegí el más importante de todos.
En ese tiempo llevaba pocos años en Francia y lo que más me limitaba en todos los aspectos de mi vida era no poder comunicarme de manera apropiada. Escribir la lista y descartar me ayudó a ganar claridad inmediata de por donde debía comenzar. Casi por arte de magia, pocas semanas después me ofrecieron un curso de lenguaje. Yo no hice mucho para buscarlo, simplemente lo vi con claridad. Después de esa formación las cosas fluyeron y uno a uno los diferentes problemas fueron desapareciendo.
Suponiendo que tienes muy claro que es lo que te gustaría lograr dentro de este año y hace parte de una visión mayor, necesitas ponerte en acción inmediatamente. Mientrs más postergues este paso, más lejos verás tu meta y la ansiedad se acumulará en tí. Ya que cuando hacemos este trabajo consciente de definir una visión y un objetivo, algo cambia en nosotros y sentimos una gran presión. La que hace que la mayoría de las veces no logremos lo que nos propusimos, porque no supimos manejarla.
La razón de esto es que nuestra identidad está conectada o hecha en base a los hábitos que la sostienen. Cuando nos proponemos un cambio, le estamos diciendo a la mente, ‘Hey tu, ya no te necesito, asi que vete’, y claramente esta se defiende, porque es gracias a esta identidad actual que tenemos, que hemos llegado hasta aquí hoy. Eso se traduce en una gran cantidad de cortisol en el sistema y con eso la tendencia a no hacernos cargo de eso mismo que nos comprometimos a hacer, por la extrema tensión que produce en el sistema nervioso.
Entonces la manera de abordar ese cambio es a través de pasos muy pequeños, casi inocentes y muy humildes. Yo se que uno viene con las ganas de cambiar el mundo cuando ha elaborado una visión a futuro poderosa, pero en lo concreto del día a día, esa emoción no sirve, o más bien, sólo sirve como chispa o como recordatorio para no perder el camino en el medio del proceso.
El plan de acción tiene que ser aterrizado al yo del hoy y que me asegure que poniéndome en movimiento me acercaré paso a paso al objetivo final. La manera de hacer eso es tener micro metas semanales, mensuales y trimestrales. Mientras más a corto plazo, más humildes. Por ejemplo una meta semanal es cumplir con 2 o 3 entrenamientos. O llamar a 10 personas para ofrecer mis servicios. Una meta mensual es por ejemplo, subir de 5 repeticiones a 8 en mis pull-ups o aumentar 10 kilos de peso en sentadilla o conseguir 2 nuevos clientes. Y una meta trimestral podría ya ser un poco más desafiante. Vender 10 programas, haber incrementado mi fuerza en un 10%, etc.
Básicamente, tenemos que reducir el gran objetivo a la cantidad que sea necesaria de micro objetivos que podamos conseguir diariamente. Esto nos asegura dos cosas fundamentales: La primera es que estaremos construyendo el hábito nuevo necesario para nuestra visión a largo plazo sin tanta fricción. La segunda es que podemos iterar el proceso si no está dando resultados. A esto le llamamos la diferencia entre la estrategia y la táctica. La visión contiene la estrategia para conseguirlo mientras que el plan de acción es la táctica para conseguirlo.
Finalmente lo único que queda por decir al respecto es que si no repites una y tora vez el proceso, no sabrás si da resultados. No existen fórmulas de oro, solo ponerte en acción y repetir una y otra vez. Aprenderás en el proceso, te equivocarás muchísimo, lo que te dará la experiencia para afinar tus acciones y harás de tu objetivo un proceso vivo en tu día a día y no un sueño en una hoja de papel. ¡Te deseo el mayor de los éxitos en lo que sea que emprendas y allá vamos!
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